DES(RE)CUERPANDO. Artilugios del desmapeo en tiempos actuales.

 

 


 

Mariana Scioti, marianascioti@gmail.com.

Claudio Mestre, claudiomestre65@gmail.com

Cuerpo

Entendiéndolo como unidad de análisis, en primer lugar delimitaremos el concepto de cuerpo con el objetivo de reflexionar sobre algunas ideas que nos acompañaran a lo largo de este escrito.

Para ello tomaremos lo corporal como campo.

Los registros históricos que componen e integran este campo han sido descriptos por varios autores. Por ejemplo Michel Foucault (2000), quien realiza una paciente descripción de las relaciones de poder existentes en nuestras comunidades. Según este autor, el poder produce con la eficacia de los movimientos, mediante mecanismos de control su organización interna. La escala de control que analiza vincula el cuerpo a un nivel del movimiento, los gestos y actitudes.

Se establece así una relación que el autor denomina de docilidad-utilidad. Este entramado de relaciones que se visualizan es complejo y nos permite poner de manifiesto la circulación del poder.

Siguiendo en esta línea, podríamos decir que hay dos estados basculando en un mismo cuerpo. Uno que describiríamos  como fenómeno de acumulación, sedimentación que impone formas y pertenece a lo instituido y otro que impulsa a la expansión, que tan poéticamente describe Antonin Artaud, como ese cuerpo que está “harto de los órganos”.

Un cuerpo afectado.  Aquel de la experimentación, hecho de tal forma que sólo puede ser ocupado por las intensidades que pasan y circulan.

Mapeo-desmapeo

Mapeo Corporal Intensivo

Consideramos que el cuerpo es el gran conector entre las dimensiones  individuales, grupales, institucionales y la sociedad.

Estas dimensiones son significaciones articuladas en relaciones que responden a ciertas lógicas conformando una red vincular. Un entramado relacional con reglas de juego específicas, según sean las relaciones operativas psicosociales, sociodinámicas, institucionales y/o comunitarias.

Entendemos al mapeo como una forma de pensar/habitar el mundo.

Un despliegue de intensidades que habitan un cuerpo y se ven en la acción o la falta de  acción. Intensidades que producen otro cuerpo en el devenir.

El mapa denota, por un lado la relación cuerpo-geografía como naturaleza. Se marcan ríos, mares, montañas, llanuras, etc. La geografía física está incorporada en el cuerpo y a su vez el cuerpo está constituido por ese real imaginario. Del mismo modo, el Mapa testimonia el cuerpo de una ciudad, las aglomeraciones, el tenor de oxígeno, la relación con la luz, etc. (MATOSO; BUCHBINDER, 2013, pag.28).

Con el objetivo de interpelar saberes y prácticas, es que pensamos al mapa como interpretación del territorio. Una micropolítica de los cuerpos, que va trazándose entre los pliegues de ese territorio, tejiendo su propia subjetividad.

Las  diferentes composiciones y/o agenciamientos deseantes de estas intensidades, producen una multiplicidad de acciones que para nosotros poseen características de mapeo y desmapeo.

Esta sería la multiplicidad de sentidos que pensamos a partir de la idea de mapa.

Asimismo cuando hablamos de cartografiar no sólo nos referimos al modo en el que se testimonia una geografía. Desde el mapa corporal se trata de bocetar las intensidades que habitan un cuerpo. En este sentido, los mapas utilizados como medios de abordaje permiten visualizar los escenarios en los que se despliegan las intensidades.

Siguiendo en esta línea, denominamos Mapeo Corporal Intensivo a la acción de cartografiar.

Entonces cabe la pregunta: ¿Cómo se conforma esta cartografía en la actualidad?

Pensamos que estar dentro del territorio conformando un mapa brinda un marco de seguridad, que garantiza cierta certeza, independientemente de la posición que cada quién ocupe dentro.

El mapa es límite, borde, frontera y fragmento, que pone en evidencia la relación entre el todo y sus partes. Al mapear siempre se producen cortes en la superficie elegida, ciertos límites adentro-afuera y entre partes.

Así las cosas, ¿qué ocurre si esos cortes son producidos unilateralmente y sin consenso por quien/es se arrogan el poder de determinar campos de acción o inacción, erigiendo sobre sí la facultad de desmapeo? ¿Qué entendemos primeramente por desmapeo?

Desmapear es la acción de desconfigurar una composición fragmentando  intensidades y generando limites difusos.

Corporeidades a la deriva. Desbordes. Perder contornos. Fisuras. Fragmentación corporal pueden constituirse como algunos de sus efectos.

Mediante el desmapeo, cual engranaje de una máquina que descuerpa, instituciones, medios de comunicación, sistemas de pensamiento,  y sus territorios signados por el poder, fragmentan, violentan los cuerpos. Dejan marca. Reducen la multip heterogeneidad del pensamiento, creando o favoreciendo el sostén de una verdadera máquina de dominación vertical.

 

En la acción de desmapear existen heterogéneos que quedan arrojados por fuera, expuestos a la  incertidumbre de la vida. A esa que se intenta evitar, incluso abrazándose muchas veces a certidumbres, aunque estas resulten luego tan obturantes como tranquilizadoras. Un ejemplo frecuente de esto sería el permanecer en un empleo en condiciones precarias y de baja renta priorizando que este te otorga días de vacaciones y obra social.

El desmapeo es corrimiento de contornos que delimitan un territorio. Ese territorio que hasta el momento venía siendo instituido de determinada manera ahora se ve desdibujado o en muchos casos perdido en la medida en que, corrimiento mediante, lo que antes era parte del mapa que me sostenía como sujeto – sujetado pasa a no ser parte de mi suelo.

En la actualidad, decisiones tales como despidos masivos en determinadas áreas institucionales, neurálgicas en tanto sostenedoras de derechos y oportunidades, que acreditan el funcionamiento y sostén de la democracia como tal o el uso desmedido del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) podrían ser tomados como ejemplo de desmapeo, en la medida en que se produce este corrimiento que delimita el contorno del que hablamos.

licidad y la

Des (re) cuerpar.

“Experimenten, pero no dejen de tener en cuenta que para experimentar hace falta mucha prudencia. Vivimos en un mundo más bien desagradable, en el que no sólo las personas, sino también los poderes establecidos, tienen interés en comunicarnos

afectos tristes. La tristeza, los afectos tristes son todos aquellos que disminuyen nuestra potencia de obrar y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en esclavos… no es fácil ser libre: huir de la peste, organizar encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los afectos que expresen o desarrollan un máximo de afirmación”.

                                                                                                 (Gilles Deleuze,2000)

Des (re) cuerpar entrelaza y a la vez muestra la dinámica posible entre dos “ideas – fuerza”: descuerpar y recuerpar.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, el prefijo

“des” denota “negación o inversión” del significado del término simple (deshacer), “privación” (desabrigar), “exceso o demasía” (deslenguado), “fuera de” (desviado). Muy raramente significa “afirmación”, como el desusado “deslánguido” (flaco, débil), que ahora se dice “lánguido”.

Por otro lado, recuerpar propone abrir el cuerpo a conexiones que compongan circuitos, diversos niveles y umbrales, pasos y distribuciones de intensidad, creando territorios posibles que nos sorprendan y nos interroguen, que habiliten al encuentro con el Otro[1] .

Los atravesamientos sociales operan en el cuerpo constituido no sólo por el organismo sino también por la imagen inconsciente, que ha sido definida como aquella representación que nos formamos de nuestro propio cuerpo, es decir la forma como éste se nos aparece. Hay diferentes sensaciones que recibimos y forman parte de la experiencia inmediata de la unidad corporal. Todo eso conforma esa imagen tridimensional que es la imagen del cuerpo.

Cabe aclarar que la imagen del cuerpo no es estática, está en permanente construcción a lo largo de la vida y sus escenas. La subjetividad se va constituyendo en la relación con los otros.

Dentro de esos recorridos en el transcurso de su historia, el sujeto se va encontrando con sus imágenes.

Al decir de Michele Bernard (1994) la imagen del cuerpo conserva una estructura libidinal imaginaria que está diseñada no sólo por los fantasmas de nuestra primera infancia sino también por los fantasmas de todos los conflictos afectivos que hicieron a la historia de nuestra vida. Nosotros podríamos agregar  la dimensión socio cultural.

Desde el psicoanálisis el cuerpo es erógeno, el cuerpo de las pulsiones, del deseo, el cuerpo marcado por la palabra del deseo, con los fantasmas alojados en él. El cuerpo es el lugar de entramado entre el esquema corporal (sustrato biológico) y la imagen inconsciente del cuerpo (deseo y pulsión). La espacialidad del cuerpo se entrama con su temporalidad y con su fantasmática (BUCHBINDER, 1993, pág.59).

Para comprender este paradigma nos podemos remitir a Sigmund Freud (1920) quien repara en la temática del cuerpo y su dualidad, en lo que llama pulsiones de vida y de muerte, donde abandona el término pulsiones del yo, apoyado en los conceptos de energía, sus intensidades y sus destinos, que luego sirvió de fundamento para la construcción de la subjetividad en cuanto a nuestro ser corporal.

Desde esta concepción los vínculos no son conexiones entre entidades, sujetos-objetos, ni estructuras fijas, sino que los vínculos emergen en una dinámica.  Se trata de pensar en términos de un vínculo diverso, en permanente formación, configuración y transformación. De este modo, se conforman unidades heterogéneas, ensambles dinámicos y redes que no tienen un sentido univoco, no están completamente determinadas. En este universo entramado emergen y se extinguen una gran variedad de formas en una dinámica creativa.

Dentro de las investigaciones sobre la imagen inconsciente del cuerpo, se plantea la idea que ésta es la imagen de un ritmo, como si fuera una tensión que fue generada entre dos sensibilidades que estarían conectadas, que resuenan, ondulan y se ajustan, como al ritmo de una música (NASIO, 2008). Estas concepciones nos habilitan a despertar la creatividad y diseñar encuentros que propicien el trabajo con esas resonancias.

Así, lo que queda inscripto es la percepción de la multiplicidad de intensidades que a lo largo de los encuentros y desencuentros con el otro se fueron produciendo en el transitar por las escenas, compuestas por emociones y sensaciones.

Proponemos una mirada donde se entrecrucen variables  inesperadas y sorprendentes, que permitan conectarnos con la potencia de esos cuerpos y en esa medida, recuerparnos.

Producir espacios que potencien las escenas que transitamos mediante procesos de recuerpaje. A modo de un relanzamiento del cuerpo y sus equipajes.

En el cuerpo se encuentran conjuntos de partículas que forman parte de él bajo tal o tal relación, según la composición de los agenciamientos, o que los descompongan o modifiquen. Todas esas relaciones tienen intensidades que afectan al cuerpo, aumentando o disminuyendo su potencia de acción, también un cuerpo produce afectos de lo que es capaz según el grado de potencia y según los límites de ese grado. Partes intensivas y extensivas bajo una relación.

(DELEUZE, 2000,pag.167).

Pensamos al acto y la dinámica del recuerpar como una aventura que agencia multiplicidades, modos del cuerpo que crean conexiones donde la palabra integra, dice, expresa afectos, compone otro cuerpo colectivo.

En la actualidad se hacen presentes experiencias sociodramáticas: performance, teatro espontáneo, danzas, como intervenciones del espacio posibilitadoras de movimientos que emergen en lo social y, a nivel micropolítico, circulan como partículas que atraviesan los cuerpos.

Una percepción molecular al decir deleuzeano que genera lo que nosotros también denominamos potencia de la escena, en el sentido que esa experiencia escénica puede potenciar, como un acelerador de partículas, aspectos de los sujetos y del grupo puestos en juego recuerpándolos.

Si pensar el cuerpo es otra manera de pensar el mundo y el lazo social, entonces una alteración en la configuración del cuerpo es una perturbación en la coherencia del mundo.

(LE BRETON, 2017, pag.23)

De este modo, la manifestación de los cuerpos dóciles que experimentan el desmapeo en las escenas cotidianas nos mostró que implicarse potencia los encuentros.

Recuerpar posibilita una detención en el transcurrir diario y permite que circule el fluido de conexiones liminales, a-jerárquicas y de apertura como también de ambigüedades necesarias para pensar la sociedad.

BIBLIOGRAFIA:

Bernard, Michel. El cuerpo, un fenómeno ambivalente. (1994), Barcelona, España, Paidós

Buchbinder, Mario. Matoso, Elina. Mapas del Cuerpo, (2011) letra viva

Buchbinder, Mario. Poética del desenmascaramiento, (2008) letra viva.

Deleuze, Gilles, Guattari, Félix. (2012).Mil mesetas, capitalismo y esquizofrenia. Valencia, España, Pre-textos.

Foucault, Michel. Vigilar y castigar, nacimiento de la prisión. (2000), Mexico, Siglo Veintiuno

Le Breton, David, La sociología del cuerpo, (1992) Nueva visión.

Le Breton, David. Antropologia del cuerpo y modernidad, (1990)  nueva visión.

Nasio, Juan David, Mi cuerpo y sus imágenes, (2008). Paidos

 

 

X Jornadas de Sociología de la UNLP 5 al 7 de diciembre de 2018 Scioti, M.; Mestre, C. (2018). Des(re)cuerpando: Artilugios del desmapeo en tiempos actuales. X Jornadas de Sociología de la UNLP, 5 al 7 de diciembre de 2018, Ensenada, Argentina. EN: [Actas]. Ensenada : Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Departamento de Sociología.

 En Memoria Académica. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.11750/ev.11750.pdf

 

 

 



[1] El Otro representa la concepción de lo externo, en este texto nos referimos a la importancia de la mirada del Otro.

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